El papel del profesor universitario en la nueva era de las organizaciones

 

 

“El arte de la docencia en la nueva era del conocimiento ya no se agota en el enseñar, sino además lograr que los alumnos quieran aprender, y lo hagan de manera autodirigida…”


La revolución del conocimiento está afectando de manera directa a todo el quehacer de la actividad humana: La economía, el arte, la política, la sociología, el concepto de trabajo, la dirección de las organizaciones, y desde luego, la educación.

Siempre se ha hablado de la pobre calidad de la educación en nuestro país, y aunque muchos profesionales, intelectuales, políticos e instituciones de reconocido prestigio han planteado alternativas realmente acertadas para sacar adelante este megaproblema, la enmarañada problemática que presentan las supraestructuras mexicanas, nos hacen pensar con pesimismo en una posible solución al asunto, por lo menos en el corto plazo.

Cada vez que se renueva el gobierno federal, renace la esperanza de que “ahora sí” pueda vislumbrarse una posibilidad de mejorar la calidad de nuestra educación, desgraciadamente, la forma como los gobernantes de los diferentes partidos han abordado el inveterado problema de la pobre calidad de la educación en México, cancela toda esperanza de que se vayan a tomar medidas realmente concluyentes en el devenir, al menos en términos de plazo inmediato, en el quehacer educativo.

Así, todo parece indicar que este trascendental expediente de la vida nacional deberá seguir esperando a tiempos más adecuados o líderes más resolutivos.

Desgraciadamente, a este de por sí complicado problema que representa la pobre calidad de nuestra educación, debe agregarse la revolución que se está dando en todo el mundo respecto del al cambio de paradigma sobre el proceso enseñanza-aprendizaje.

Hoy como nunca, el quehacer del profesor adquiere un papel de primerísimo orden en medio del cambio estructural que estamos viviendo; en una época donde el conocimiento se ha convertido en la principal palanca de desarrollo, luego entonces, la universidad fortalece su papel protagónico para arribar de manera más efectiva y menos traumática a la nueva sociedad postindustrial.

En México la labor de los académicos ha sido considerada como “teórica” y que no proporciona valor agregado directo en los problemas nacionales. Se piensa que su aportación al desarrollo social y económico, se verá en 5 o 10 años, cuando “el producto terminado” ofrezca o no opciones de calidad en el medio laboral.

Estamos de acuerdo en que la aportación más valiosa de estos personajes es coadyuvar a que los egresados de la Instituciones de educación superior, se conviertan en esos activos agente de cambio, sin embargo, creemos firmemente en que es mucho lo que estos personajes pueden hacer ya, realizando labores de asesoría e investigación relevante, para catalizar el desarrollo económico y social de la región y el País.

Por lo anterior, la actividad docente debe ser repensada en sus entrañas, ya que el furioso oleaje con que la tecnología está azotando a los centros de educación superior, nos coloca ante el riesgo de que la forma se convierta en fondo o que la tecnología sea vista como fin-conocimiento en sí misma, cuando en realidad es una herramienta más para que la universidad logre los fines que le son propios.

Al respecto, podemos hacer las siguientes reflexiones…

En primer lugar, raramente el profesor universitario recibe formación para actuar como enseñante, lo que constituye en tremendo problema, pues recibe una valoración negativa en su trayectoria profesional que se centra en un área para la que no ha recibido ningún tipo de preparación.

Tradicionalmente, la Universidad ha preparado a sus profesores para la función científico-investigadora, descuidando su formación para el desarrollo de su actividad esencial, lo anterior se puede atribuir básicamente a dos razones:

1.- La consideración de que la enseñanza es un arte, entendiendo que las cualidades que posibilitan una competencia profesional óptima están predeterminadas. En consecuencia, se concede un escaso, cuando no nulo, valor a los programas de formación de los mentores.

2.- La creencia en que la habilidad para enseñar es específica de la materia . Desde esta perspectiva, para enseñar adecuadamente, basta con un profundo conocimiento de la materia, suponiendo, pues, que se puede prescindir de las capacidades didácticas, que, además, se considera que se irán desarrollando con el paso del tiempo.

En la época que enfrentamos, donde la vida misma de las organizaciones dependen de la calidad con que estas enfrenten las demandas de sus clientes, y tomando en cuenta el grito de guerra de Edward Deming de que “la calidad solo puede ser obra de personas de calidad”, los profesores no pueden permanecer al margen de esta realidad, por lo que, en la medida de lo posible, las instituciones de educación superior deberán buscar una docencia de calidad, si quieren entregarle a la sociedad un egresado de calidad.

LA CLAVE DE LA DOCENCIA DE CALIDAD: LA CAPACIDAD PARA LA FACILITACIÓN DE APRENDIZAJE AUTORREGULADO

Parece que, en la actualidad, el logro de una óptima calidad en la enseñanza universitaria se ha convertido en un objetivo prioritario para la administración educativa, para la sociedad y, por supuesto, para la propia institución universitaria. En la consecución de este objetivo el análisis y la reflexión sobre la actividad docente ha de ocupar necesariamente un lugar destacado.

Sin embargo, a pesar de la indudable significación del profesor universitario en el logro de una óptima calidad de la enseñanza, no puede, en absoluto, afirmarse que exista un modelo definido e incuestionable de lo que es un buen docente universitario. Incluso se ha planteado en reiteradas ocasiones que esta supuesta excelencia está muy determinada por los correspondientes contextos diferenciales y específicos.

Esta carencia de un modelo teórico válido representativo de lo que se considera un buen profesor explica, la aparición de importantes limitaciones en la evaluación de la enseñanza universitaria, así como la dificultad para elegir las estrategias evaluativas más adecuadas, ante tal situación, obliga la pregunta…

¿ CUÁLES SON LAS CARACTERÍSTICAS QUE DEFINEN A UN BUEN DOCENTE UNIVERSITARIO?

Desde la perspectiva de la psicología instruccional se ha puesto claramente de relieve la importancia que las actividades del estudiante tienen en su aprendizaje. En efecto, el aprendizaje se construye desde dentro, desde la información seleccionada e interpretada en función de los motivos del estudiante y de sus estructuras conceptuales.

El estudiante puede controlar sus propios procesos cognitivos. Esta autoconsciencia o metacognición influye significativamente en el curso del aprendizaje. El estudiante, por tanto, puede deliberadamente optimizar su aprendizaje a partir de su propia actuación. Por tanto, es prioritario estimular su responsabilidad y su autonomía.

En cualquier nivel educativo al que nos refiramos, pero especialmente en la enseñanza universitaria, el aprendizaje depende de las intenciones, la autodirección, las elaboraciones y las construcciones representacionales del estudiante a partir de los conocimientos previamente elaborados, todo lo cual debería desembocar en una reestructuración de los propios esquemas de conocimiento. El estudiante es un poderoso agente auto-determinante de su propio aprendizaje, que relaciona activamente la información y que construye nuevo conocimiento en base a lo que ya sabe individualmente.

En consecuencia, el profesor no ha de limitarse a enseñar contenidos o a ayudar a aprender contenidos, sino que ha de enseñar al estudiante a pensar y a mejorar constantemente su pensamiento y, dentro de ello, a mejorar sus mecanismos disposicionales centrales (el pensamiento crítico, la creatividad y la metacognición). Y ello lo hace suministrando estrategias y técnicas directamente relacionadas con estos macroprocesos generales del aprendizaje que son las actividades esenciales del pensamiento. Se trata de promover aprendizaje independiente en los estudiantes, autodirección y autorregulación.

El objetivo es, pues, el logro del aprendizaje autorregulado, aquél en que los estudiantes participan activamente en su propio proceso de aprendizaje desde un punto de vista metacognitivo, motivacional y conductual (Zimmerman y Shunk, 1989). Ello implica que los propios estudiantes: (a) pueden mejorar personalmente su capacidad para aprender mediante el uso selectivo de estrategias metacognitivas y motivaciona les; (b) son capaces de seleccionar, estructurar y crear ambientes favorables de aprendizaje; (c) pueden jugar un papel significativo al elegir la forma y calidad de la instrucción que necesitan.

Es fundamental, pues, que el profesor conozca cómo aprende el estudiante.

a. El aprendizaje parte de aquellos conocimientos y estructuras mentales que el estudiante ya ha construido previamente. Dado que el pensamiento formal es marcadamente dependiente del contenido sobre el que se ejerce el pensamiento, siendo resultado en gran medida del grado de experiencia o instrucción que hayan tenido los aprendices, es preciso tener en cuenta sus concepciones previas, que han de convertirse en punto de obligada referencia en la enseñanza.

b. El aprendizaje supone integrar conocimientos ya elaborados socialmente. En este sentido, la mención a la significatividad y funcionalidad de los nuevos conocimientos es otro pilar sobre el que se ha de asentar la instrucción.

c. El objetivo central del aprendizaje debe ser tanto la reestructuración de los esquemas de conocimiento previo y la construcción de otros esquemas dentro de los nuevos dominios de contenido como la adquisición de estrategias de aprendizaje, que, en parte, son generales, pero que igualmente son también específicas de las diversas disciplinas y contenidos. El ajuste de la enseñanza se verá facilitado por el conocimiento que el profesor tenga de las estrategias y estilos de aprendizaje de los estudiantes.

Para que esta reestructuración se produzca, es preciso que se den ciertas condiciones: (a) la significatividad de los nuevos aprendizajes y (b)la voluntad de aprender de manera significativa. El logro de esta significatividad se propicia mediante ciertas actuaciones docentes:

a. Una organización y estructuración adecuada de la información, lo que, indudablemente, facilita la integración de los conocimientos por parte de los estudiantes.

b. La realización de explicaciones claras, ordenadas y fáciles de entender, lo que facilita la asimilación y el recuerdo de la información. Para ello, el profesor se apoya en sus notables habilidades comunicativas, que facilitan la transmisión del conocimiento.

c. La redundancia en la enseñanza de aquellos conceptos claves de la materia, procurando la captación de esta información por parte del estudiante.

Estos son algunos de los aspectos clave, que definen al profesor de la nueva era de las organizaciones. ESSS …….

*Fundador y Líder del Sistema Empresa Inteligente;

Consultor Asociado del Tecnológico de Monterrey.

e-mail: abasurto@campus.her.itesm.mx

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