Cómo sobrevivir al desempleo

 

En España hay más de cinco millones de personas sin trabajo. Muchos llevan años en esta situación y no ven la luz al final del túnel. ¿Cómo afrontar este periodo de inactividad laboral? Los psicólogos dan una serie de pautas para mantener la autoestima y no perder la esperanza. Es difícil, pero hay que intentarlo. Lo primero: tener claro que no es un fracaso personal, sino contextual.

 

Jóvenes que no pueden meter ni un pie en el mercado laboral. Personas en la flor de la vida que llevan años (¡años!) sin poder hacer lo que saben hacer. Veteranos de larga trayectoria que de repente tienen que aprender a estar inactivos. Años de formación que hoy parecen una pérdida de tiempo. Energía desperdiciada. Sueños rotos. Frustración. Rabia. Tristeza. Y en el peor de los casos, depresión.
 

 

Nos preparan para el trabajo. Nos forman y aprendemos a hacer el currículum. Pero nadie nos enseña a estar en el paro. A sobrellevar esta lacra que algunos ya perciben como una enfermedad crónica. Y epidémica, además. El paro es un fracaso de los gestores, pero si uno lleva mucho tiempo en esta situación puede que, erróneamente, lo acabe traduciendo como un fracaso personal.

 

 

¿Cómo encarar este periodo? ¿Cómo mantenerse en lucha? ¿Cómo conservar el ánimo? No es fácil, pero hay pautas. Los psicólogos las dan.

 

 

Saber pedir ayuda

 

Familia y amigos nos recuerdan nuestras cualidades y valores

 

Ramis resalta como fundamental el papel de los amigos y familiares. En esos momentos en los que se ve todo negro y cuando ya no se ve la luz al final del túnel, hay que llamar a las amistades. Ellas no nos darán trabajo, pero sí «nos recordarán lo que sabemos hacer y nuestras cualidades». Es importante mantener y crear relaciones sociales. Nunca aislarse.

 

 

Gabriel Carrero, psicólogo y director de CyR Consultores, explica que «un parado siente tristeza, cabreo, indefensión… una serie de sentimientos negativos que llevan a la frustración», apunta, «y la frustración puede implicar agresividad, contra sí mismo y contra su entorno», advierte. Con todo, «el proceso puede acabar en una depresión o en una enfermedad mental».

 

 

Por eso hay que intervenir antes. Carrero recomienda «no ocultar el problema». No exhibirlo, pero tampoco esconderlo. Si no tener trabajo te genera frustración, no lo ocultes y busca ayuda primero en tu entorno inmediato. Primero en tu familia y luego, si hace falta consulta a un psicólogo. Así lo aconseja este experto, que precisa que en general las mujeres sobrellevan mejor estas situaciones al «encarar el problema de manera más realista».

 

 

Autoestima

 

Asumir que es un fracaso contextual, no personal

 

Psicólogos y coachs nos dan las claves. La primera y fundamental, mencionada por todos los consultados es mantener la autoestima. Joaquín Juan, coach, subraya lo importante que es esquivar pensamientos perniciosos como: «Me han despedido (o no me cogen) porque no sirvo» o «No saldré de esta». Hay cambiar este tipo de reflexiones y darse seguridad a uno mismo pensando : «Si estoy bien, podré defender delante de un empresario mi capacidad». Estar bien es en sí mismo un objetivo, y también un punto de partida vital para conseguir un empleo.

 

 

Carmen Ramis, psicóloga y profesora de la Universitat, razona que la de estas personas es una situación muy difícil. Y es que trabajar, además de ser un medio de subsistencia, genera «un concepto positivo de uno mismo, de prestigio de cara a la sociedad». Por ello, insiste en que la persona que lleva mucho tiempo sin trabajar tiene que asumir que la situación es difícil y que no depende sólo de ella. Es decir, que no tiene que tomárselo como un fracaso personal, sino como un fracaso «contextual».

 

 

Actividad física

 

No hace falta apuntarse al gimnasio, pero hay que moverse

 

Parado es una palabra de semántica peligrosa. Estar en el paro no tiene por qué implicar quedarse quieto. Mantenerse activo es clave. Lo señala Carrero y lo secunda Álex García, psicólogo deportivo, que recuerda, por si alguien no se rendía a la evidencia, que los estudios han demostrado los beneficios de la actividad física en el ánimo. No hay que forzarse y apuntarse al gimnasio o comprarse todos los aparatos deportivos del teletienda. Pero hay que mantenerse activo.

 

 

Los paseos pueden estar bien, pero García advierte de que uno puede acabar viéndose como uno de los protagonistas de ´Los lunes al sol´. Y eso sería contraproducente. La clave es «no abandonarse» y no quedarse en casa, porque es entonces cuando puede invadirte la sensación de que «has perdido el control». Adoptar el modo pasivo tiene sus riesgos. La profesora de la UIB reivindica también la importancia del ocio, de buscar actividades que nos diviertan, ayuden y sirvan: «Contribuye a mantener la autoestima y los hábitos y favorece los contactos sociales».

 

 

No abandonarse

 

Conservar los hábitos de higiene y fijar una rutina

 

Parece obvio, pero vale la pena repetirlo: nada de quedarse en el sofá. Nada de levantarse a las doce. Nada de ir en pijama todo el día. No hay que vivir el día a día como si fuera un eterno domingo de gripe. Ramis insiste en la necesidad de conservar los hábitos de higiene y de una vida sana. Y de fijarse un horario diario y una disciplina de búsqueda de empleo. «Hay que mantenerse proactivo: sentarse a esperar te puede hundir en la miseria».

 

 

No dejar de buscar

 

Profesionalizar la búsqueda de autoempleo

 

Hay que trabajar: trabajar buscando trabajo. «Profesionalizar la búsqueda de empleo», reitera Carrero, «dedicar cada día una serie de horas y establecer un protocolo». Aunque llevemos mucho tiempo haciéndolo y aunque parezca que no sirve para nada, es fundamental porque es «la única fórmula para vencer al desánimo porque así no puedes reprocharte que no lo estás intentando».

 

 

Además de ser clave para abandonar la situación de parado, interiorizar la búsqueda de trabajo cumple otra función ya que ayuda a sentirse bien con uno mismo y a mantener la autoestima. Lo dice también Carmen Ramis, que recomienda además «ir a los sitios» a entregar los currículums y a enviar recordatorios. No cesar en el propósito.

 

 

¿Cómo crear ese protocolo de búsqueda? Hay que montar una red familiar y de ahí ir ampliando el círculo, agotando los contactos. Si no se sabe por dónde empezar, en Cruz Roja hay un programa de orientación para la ocupación en el que pedagogos y trabajadores sociales hacen planes individuales que enseñan cómo «ordenar el tiempo» y «mantenerse activo».

 

 

Hay que buscar por todo y llamar a todas las puertas, las veces que sea necesario, apunta Carrero. Para los que se han ido a la calle ´en grupo´ (fruto de un ERE), Carrero recuerda que siempre está la opción del cooperativisimo. Y, cómo no, siempre está la opción del autoempleo. Hay que poner sobre la mesa todas las opciones.

 

 

Aprovechar el tiempo

 

Pensar en cómo ´reenfocarse´ o hacer formación

 

Para alguien que lleva dos años o más en el paro, la frase ´la crisis es una oportunidad´ puede resultar bastante apestosa. Como un hipócrita eslogan de camiseta. Pero sí puede haber oportunidades dentro de la crisis. Así lo sostiene Juan, quien señala que el paro puede ser un buen momento para pararse y «reenfocarse». Detenerse y ver «hacia dónde quiero y puedo profundizar». Aprovechar el impass para «abrir la mente al cambio».

 

 

Joaquín Juan, al frente de la empresa Quieres ser feliz, explica que mucha gente se pone en contacto con ellos en busca de ´coaching laboral´. ¿Qué es esto? Un servicio de apoyo, de guía, que puede servir de ayuda para acciones concretas, como la preparación del currículum o de entrevistas de trabajo; acciones que en sí mismas ya sirven para aumentar la autoestima.

 

 

La formación también es una muy buena opción. Carrero recuerda que seguir aprendiendo ayuda a mantener la autoestima, al sentir que se está haciendo algo útil, y puede convertirse también en una red de búsqueda de empleo. Además de aprender y de ocupar el tiempo, los cursos y seminarios sirve para conocer a gente.

 

 

Mantener la fortaleza emocional en estas condiciones puede ser difícil, nadie lo niega, pero hay que intentarlo. Hay que intentarlo.

 

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