Aseguran que los líderes pueden influir hasta un 70% en el clima labora

José Luis Roces, vicerrector del ITBA, afirmó que “el nivel de conciencia de los líderes de una empresa define y determina el comportamiento y su cultura”

El vicerrector del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) y director del Centro de Liderazgo de la misma institución, José Luis Roces, remarcó que siempre que un directivo desea realizar cambios, debe tener en cuenta el contexto en el que se encuentra.

“Los cambios no se realizan en una “caja de cristal”, sino que hay que tener en cuenta que vivimos en el “mundo de la inmediatez”, donde todo es “para ayer”, surgen cambios sociales, avances tecnológicos y las crisis económicas son constantes”, señaló Roces en el marco del evento del Work-Life Balance “Cómo encontrar el equilibrio entre la vida personal y la vida laboral”, organizado por HSM.

Como parte de su exposición, el experto detalló cómo las demandas de los empleados cambiaron a lo largo del tiempo: “Antes, las prioridades de las personas pasaban por la organización donde trabajaban y las recompensas (considerados factores tangibles), mientras que ahora la mayor preocupación se centra en la profesión, un aspecto intangible, que se relaciona con la seguridad de que lo que hacemos nos permita crecer y desarrollarnos y con el trabajo, pudiendo ser éste más flexible.”

Y añadió: “Las motivaciones son, hoy en día, más intrínsecas que extrínsecas ya que existe un “salario emocional” que moviliza emocionalmente a los trabajadores.”

Con una experiencia de más de 40 años en empresas nacionales e internacionales, Roces enfatizó que para comprender los dilemas del presente, hay que tener en cuenta tres ciclos que actúan interactivamente y que afectan a la persona:

  • Ciclo personal (vida acelerada, adicciones, estrés)

  • Ciclo laboral (tensiones, conflictos, muchas horas de trabajo, descontento, modelo de management basado en el temor y “paranoia organizativa”)

  • Ciclo familiar (ausencia de recreación familiar, conflicto de pareja, incomunicación).

“Las consecuencias de estos tres ciclos son un hombre fragmentado, estresado; una familia olvidada, a la cual no se le dedica el tiempo suficiente y organizaciones inadaptadas a las necesidades de sus empleados”, adivirtió el vicerrector del ITBA.

Para poder reparar esto, Roces señaló que no cree que existan “los 10 pasos para lograrlo”, sino que se trata de un proceso en el que recomienda tomarse el tiempo de registrar cuanto tiempo se le dedica a la persona, a la familia y al trabajo para encontrar el equilibrio.

En este proceso, que se denomina ciclo de vitalización, el foco debe estar puesto en los tres aspectos que hacen a la persona: el desarrollo personal (plan vital), el rol familiar (acuerdo con mi familia) y el rol profesional (contrato laboral).

Como detalló Roces, “para realizar un cambio personal se necesita de un tutor (pareja, amigo, colega), es decir, alguien que pueda ayudar en el camino de transformación hacia lograr convertirnos en un líder vital.”

“Asimismo -continuó el especialista- es importante destacar que esta transformación es de carácter voluntario, teniendo control personal de la mente, el corazón, el cuerpo y, consecuentemente, del espíritu; Y, siempre teniendo en cuenta que esta transformación se lleva a cabo en un contexto, del cual no podemos escapar o negar.”

Poniendo el foco en la empresa, y en cómo el estado anímico de los trabajadores influye en la misma, Roces expresó que el estilo de liderazgo hace a la cultura de la organización, y destacó que los líderes pueden influir hasta un 70% en el clima laboral.

Según su visión, “el nivel de conciencia de los líderes de una empresa define y determina el comportamiento y su cultura”.

Y, a modo de conclusión, remarcó “la importancia de atraer, capacitar, desarrollar y retener el talento de las organizaciones, ya que se trata de un recurso escaso y personalizado” y que “nuevamente, lograrlo depende, esencialmente, del liderazgo.”

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